El más sexy de los pasapalos. El Tequeño. 

El primer invitado a cualquier fiesta es el Tequeño.
No importa la naturaleza de la misma, la hora o la época del año, fiesta sin tequeño no es fiesta.
Así desde la inocente piñata que celebra el primer añito o la más perversa despedida de soltera, en todo sarao, es el Tequeño el más deseado.
Créanme, no hay princesa de Disney ni Bailarín nudista que resista la presencia de una bandeja de estos bocados crujientes…en ese momento perderán todo poder de subyugante y toda capacidad de persuasión…grandes y pequeños, bulimicos o anorexicos, se volcaran sobre los Tequeños y haciendo mano de “las dos manos” agarraran todos los tequeños que les sea posible…acaparar.

La Partida de nacimiento del Tequeño es incierta y disputada por muchos.
No tenemos claro sí fue una creación intencional o una genialidad improvisada con recortes de masa después de hacer pasteles o empanadillas de trigo.
Iniciemos el recorrido por la exploración del nombre “Tequeño”.
En la zona fria y montañosa del hoy estado Miranda, hacía vida un grupo indígena gobernado por el Cacique Guaicaipuro, llamados los Aractaoques; al llegar los españoles y como ha sucedido en todos las colonizaciones “lingüísticas”, la llamada “Ley del menor esfuerzo” mutó el nombre a “Los Teques”, y con él fue conocida la zona en la cual habitaban los súbditos de Guaicaipuro. De allí el nombre con el que conocemos hoy día, la capital del estado Miranda.
Se cree que el Tequeño es un pasapalo originario de ésta zona, pero a los nacidos en los Teques se les llama “tequenses” y no tequeños… tequeñito es para el pasapalo voluptuoso que nos alebestra y alborota…el ciudadano común es un tequense, jamás los llamen tequeños.
La receta más antigua que se conoce está registrada en 1953, el libro llamado La cocina de Casilda y su autora Graciela Schael Martinez. En el texto refiere usos, abusos más la receta del deseado pasapalo, pero no explica sus dónde ni por qué, sólo el cómo hacerlos.
Es la primera receta impresa que se registra en los libros venezolanos; hasta ese momento era “boca a boca” y transmisión oral; consumido por todos y cocinado por pocos.
La segunda aparición pública de los Tequeños en medio impreso fue en el recetario de la Tía Maria en 1959, un compendio de comida familiar y doméstica en el que se describía la receta básica, agua, harina, mantequilla y queso fresco.
Ni Casilla ni Maria cuentan quién es el padre de la criatura. Y como niño esposito lleva el nombre del sitio en el que se cree que nació o en el que se hizo popular.
Los historiadores aseguran que en Los Teques había una señora apellidada Casado que tenia una suerte de “Catering primigenio” y preparaba pasteles, dulces y pasapalitos para fiestas, estos eran traídos desde su pueblo a los eventos caraqueños. Aseguran que aprovechando restos de masa, encamisó bastones de queso e inventó un pasapalo que enamoró a todos, por analogía a “caraqueño”, los bocados que venían de los Teques terminaron siendo “tequeños”.
Zulianos, colombianos y hasta peruanos se disputan su paternidad.
Los maracuchos, aficionados a la fritanga y productores de quesos magnificos aseguran que el Tequeño fue una invención de ellos y migró a la capital en el repertorio culinario de cualquier cocinera familiar, popularizandose postetiornente en los altos mirandinos. La realidad es que es muy difícil precisar quien influyó a quién y muy soberbio creerse dueño de las recetas. Estoy segura que con la cocina ocurre lo mismo que en la literatura. Borges decía que toda la poesía estaba escrita en la Biblia, el Coram y los Poemas Homericos y que el escritor lo que hace es Re – escribir lo escrito. Con la cocina acontece el mismo fenómeno, los pueblos terminan cocinando platos idénticos sí los ingredientes, las condiciones ambientales, el clima y las costumbres sociales son las mismas o parecidas. ¿Cuantas veces en Italia no habrán las nonnas envuelto trozos de mozarella en láminas de pasta sin saber que son los parientes europeos del Tequeño? .
No importa de dónde vienen los tequeños sino a dónde nos llevan…directo a la Felicidad.

El secreto de los tequeños está en el “encamisado” perfecto de la barra de queso.

 La calidad del relleno es importante, la textura que lo arropa, también; pero sí el Tequeño está mal enrollado, la masa será ineficiente en su oficio de atrapar al queso y obligarlo a fundirse dentro de ella. Así que a practicar hasta que salgan perfectos. 

Vamos a hacer una receta básica y sencilla.

¿Qué necesitamos? 

40 grs de mantequilla con sal

1  y 3/4 de taza de harina de trigo

1 cda de azúcar

1 huevo

4 Cdas de agua

1 kilo de queso blanco 

Fundimos  la mantequilla en baño de maría para que el calor no altere su sabor.

En un bowl de vidrio colocamos harina,  azúcar y  mantequilla, mezclamos, adicionamos el huevito.  Amasamos amorosamente, agregamos el agua. Sí la sentimos floja agregamos más harina y amasamos hasta convencerla que se deje aplanar con el rodillo sobre un mesón enharinado. Amasen hasta domesticarla.  Extendemos, cortamos en listones de aproximadamente 2,5 cm de ancho. Troceamos el quesos en barras, arropados con los listones y sellamos las puntas para que el queso no escape al contacto con el aceite hirviente. El siempre hará su mejor esfuerzo por zafarse. 

Rocíen con harina uno a uno los tequeños y congelen.
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